escritos de papel y lapicera

escritos de papel y lapicera
Escribir ficción es un hobby para mi, lo hago esporádicamente y cuando puedo o cuando alguna idea se me transforma en algo tan obsesivo que debo plasmarlo en el papel.

Es cierto que a veces escribo en Word, pero han sido mas las veces en que escribo en cuadernitos pequeños y fácilmente manejables con lapicera de gel negro...

Cariños especiales a todos y mil gracias por visitar mi imaginario!!!


Graciela

martes, enero 19, 2010

La adoptada

Elena y yo concurríamos al mismo taller de artes plásticas.

Cuando la conocí me impactó su elegancia y buen gusto, era una mujer verdaderamente fina y delicada, todo en ella era sublime, hasta el más mínimo detalle.

Verdaderamente era un placer mirarla, aunque no era bella, pero de facciones delicadas y regulares, sabía bien como destacar sus partes atractivas y transformarlas en cautivantes.

A mí me cautivo desde el primer momento, con sus anteojos de Giorgio de Beverly Hills, sus pañuelos de Hermes y zapatos de Magli..., una verdadera “Prima Donna”.

El segundo año en que coincidimos en la clase de Historia del Arte, comenzamos a intimar, a tomarnos un café o un té, luego del taller y un día, improvisamente, hablando yo de mi familia, me contó que era adoptada, que amaba a sus padres y que ellos vivían en su casa.

La historia era compleja y escalofriante, la supe por ella y mas tarde otros aspectos me los contó su madre adoptiva.

Elena tuvo una infancia feliz y una adolescencia normal, se hacia las preguntas típicas de todo adolescente: si realmente me quieren, quien soy, para que vivo, seré adoptado o estos son mis verdaderos padres, etc., etc., etc...

El tema es que ella sí, había sido adoptada, y no paro de investigar el cómo, porque, cuando y donde.

Supo que su madre, quien no podía tener hijos, había acompañado a su cuñada a “La casa Cuna” (hogar para niños huérfanos), porque aquella tenia deseos de adoptar una beba de nueve meses que ya había visto y estaba un poco insegura de la decisión.

La beba no había sido adoptada hasta entonces, ya tenía nueve meses, pese a ser rubia de ojos claros y bellísima, dado que provenía de una paciente del Hospital Neuropsiquiátrico Borda, en fin una “loca”, y nadie quería arriesgarse a que arrastrara problemas genéticos.

La mujer en cuestión tampoco lo hizo, pero su cuñada, quien la había acompañado, sintió un afecto especial por esa criatura, regreso con su marido, la visitaron varias veces, la tuvieron en guarda y finalmente lograron su adopción legal.

Ellos habían sido los únicos padres que Elena había conocido y tenido en toda su vida.

Por mas que intentó, e indagó todo lo que descubrió que era de familia de inmigrantes húngaros que escaparon de las miserias de la segunda guerra, que tenía hermanos y que su madre había estado internada en varias oportunidades en el Borda, con severas depresiones producto del horror de la guerra, y que allí había dado a luz a dos niñas, una de ellas coincidía con su descripción.

Logró averiguar el apellido de la familia y hasta su última dirección, pero para cuando fue a buscarlos habían desaparecido sin dejar rastros.

Para aquel entonces ya había llegado el amor a su vida, además en manos de un descendiente de una de las familias más tradicionales de la Argentina, quienes ya no tenían gran fortuna, pero era un hombre refinado y culto y estaba perdidamente enamorado de ella.

Por ende se casó, tuvo cuatro hijos, el amor de sus padres y se olvidó del asunto, para siempre, por lo menos así lo pensó.

Luego de pasados casi veinte años de aquel suceso, trabajando como voluntaria en una prestigiosa Organización de Caridad, Las Damas Rosadas de San Isidro, y encontrándose en servicio, conoció a una Asistente Social con la que con el tiempo fue intimando y finalmente le contó su delicada historia.

Esta mujer se conmovió tanto por el relato de Elena, que se prometió no parar hasta lograr ubicar a su familia biológica.

Y así lo hizo y luego de mucho esfuerzo e influencias, lo logró.

Cuando Elena se encontró con las señas particulares de su familia, le temblaban las piernas y se sentía desvanecer y tardó un tiempo en tomar el coraje suficiente como para encontrarse con ellos.

La ocasión llegó, sus padres ya habían muerto, su madre loca, su padre de tristeza y en la miseria, la hermana que había nacido en el Borda antes que ella había sido dada en adopción, pero con conocimiento de la familia, quienes nunca perdieron contacto con ella, pero para cuando ella nació, era la quinta, su padre, agobiado por las circunstancias y ante el riesgo que no fuese suya, ni siquiera la reconoció.

A partir del contacto, debió romper el escepticismo de su autentica familia, quienes se negaban a creer en su parentesco.

Pero una tía sabía que ella existía... y por otro lado era idéntica a dos de sus hermanos y luego de varias entrevistas, la aceptaron.

La vida de esos tres hermanos había sido muy dura, con muchas responsabilidades y necesidades insatisfechas.

Ella en cambio había tenido una vida privilegiada, mimada por sus padres y luego por su marido y esos hermosos hijos; comprendió que se sentía muy a gusto consigo misma.

Por esto y por la ansiedad que su aparición provocó entre sus ellos, comprendió que el encuentro se había dado en mal momento.

Pronto se sintió acosada por su familia biológica, agobiada por las preguntas, culpable por su vida, como en deuda con ellos... y huyó.

Se mudó, cambio sus teléfonos y desde hacia un año, no los había vuelto a ver.

Tampoco sabía si los llamaría para volver a verlos algún día...


Autor:
Graciela Mariani viernes 14 de junio de 2002

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